
Actualmente existen, básicamente, tres tratamientos para devolver la belleza al cuello y escote que, utilizados conjuntamente, dan resultados casi perfectos.
El primero de de estos tratamientos es la carboxiterapia que utiliza gas para elevar el mentón. En realidad, la carboxiterapia produce una emisión de dióxido de carbono o gas carbónico de manera controlada bajo la piel. El tratamiento se realiza mediante finas agujas o una pistola para tratar la grasa localizada y la flacidez, que se produce normalmente después de cambios bruscos de peso al realizar dieta. Posteriormente, se realiza un ligero masaje para completar el tratamiento.
Principalmente, la función del gas carbónico es romper el tejido, estimulando la microcirculación, que oxigena la piel y destruye la grasa. Los efectos son inmediatos y se aprecian a simple vista ya que al oxigenarse la piel se puede apreciar como mejora la circulación sanguínea.
Aunque la carboxiterapia se puede aplicar en otras partes del cuerpo ha dado muy buenos resultados en la zona del cuello.
Otro tratamiento interesante son las inyecciones alisantes de plasma sanguíneo. Consisten en infiltraciones de factor de crecimiento bajo la piel, el cual es el responsable de regenerar y reparar los tejidos. Dicho factor de crecimiento se obtiene de las plaquetas del mismo paciente, por lo que es necesaria una pequeña extracción de sangre.
Hay que decir que dichas inyecciones son algo molestas por lo que se utiliza anestesia tópica para su aplicación. Los efectos del tratamiento son más notables a partir de la tercera semana.
Por último, otro tratamiento efectivo para cuello y escote son los implantes antiflacidez. Consisten en una sustancia de relleno reabsorbible que combate la pérdida de firmeza en lugar de aportar volumen. Se compone de trifosfato cálcico, que reactiva la juventud de las células, y ácido hilaurónico, que retiene agua e hidrata, como vehículo para llegar hasta la dermis. Su efecto se nota a los tres meses pero desaparece al año.