
La rinoplastia es el tipo de cirugía de nariz más común y se realiza, normalmente, por motivos estéticos o de salud.
Es una operación necesaria para corregir el tamaño del apéndice nasal y en algunos casos se utiliza para corregir grandes o pequeñas deformidades.
Los cirujanos plásticos desaconsejan la operación de rinoplastia en pacientes demasiado jóvenes ya que, al no haber finalizado su crecimiento , es posible que se reproduzca de nuevo el problema. Además, es una operación que puede cambiar o transformar de forma muy acusada el rostro. Por todo ello, es recomendable la elección de un buen profesional que nos aconseje de forma adecuada acerca de cuál es el mejor momento para someternos a dicha operación.
La rinoplastia consiste, básicamente, en retirar parte del hueso del tabique nasal o injertar cartílago para dar un nuevo aspecto a la nariz y mejorarlo.
Una vez realizado un estudio previo del paciente que se somete a la operación, ésta suele durar unas dos horas, dependiendo de la complicación del procedimiento; y se realiza habitualmente con anestesia general.
Una vez finalizada la cirugía habrá una pequeña hinchazón facial que desaparecerá progresivamente con el paso de los días. Las fosas nasales permanecerán taponadas y será necesario ir con cuidado con los vendajes. También es imprescindible no tocarse y, por supuesto, evitar cualquier golpe o situación de riesgo de caídas o ejercicio físico intenso que pudiera provocar el sangrado de la nariz.
Durante un tiempo no se podrá tomar el sol ni usar gafas. Los resultados no se aprecian completamente hasta pasados unos meses.
No hay que desanimarse si el objetivo de la operación no cumple con las expectativas del paciente ya que la rinoplastia es una de las técnicas de estética que más necesita de segundas intervenciones.