Realizarse un procedimiento con Botox es bastante sencillo y debe realizarse con el paciente sentado como cuando vamos a la clínica del dentista. La técnica en sí consiste en inyectar a nivel muscular en las líneas de expresión facial pequeñas cantidades de Botox. Para hacerlo correctamente, el paciente debe contraer los músculos que vayan a ser tratados y el cirujano plástico de la inyectar con aguja delgada el Botox.
Los efectos del Botox no empiezan a notarse hasta después de pasados unos cinco o 10 días después de que se haya inyectado y tiene un efecto duradero de aproximadamente unos seis meses. Las líneas de expresión facial del paciente mejora progresivamente durante un período de 12 semanas aunque esto sólo es aproximado ya que cada paciente es un caso particular.
Una vez que se finaliza la infiltración con el Botox, el paciente debe quedarse en oposición erguida durante por lo menos 4 horas después del procedimiento. Durante este periodo de tiempo la toxina se distribuye por los músculos faciales donde ha sido inyectado, actuando en el nervio del músculo.
El procedimiento con Botox puede repetirse cuando sus efectos hayan desaparecido por completo. Cuantas más veces se realice el procedimiento con Botox más será el tiempo que durará la acción del Botox sobre el paciente. Esto es debido a que los músculos faciales se van acostumbrando a la toxina y hacen que se adapte rápidamente en los músculos.