La liposucción que es, actualmente, la cirugía más demanda se renueva cada día con sistemas más efectivos y menos traumáticos. Está demostrado que, a pesar del dolor, la liposucción es lo mejor técnica para eliminar la grasa localizada.
Hace ya unos años se comenzó a utilizar la energía láser para licuar la grasa antes de su extracción y así reducir el trauma. Esta técnica ganó más críticas que halagos porque no adecuaba la potencia a cada caso y utilizaba el agua (el treinta por ciento del contenido de las células) como conductor. Ahora esta técnica se ha reinventado.
Actualmente, los nuevos equipos tienen mejor puntería y aprovechan la propia grasa (el setenta por ciento del contenido de las células) para conducir la energía. Según algunos cirujanos, de esta manera se consiguen cinco veces más resultados.
Además, no existe riesgo de quemaduras ya que la fibra que se introduce en el tejido y emite el láser es de un milímetro y flexible como una varilla. Tras licuar los cúmulos de grasa, éstos se extraen mediante cánulas de dos milímetros. En algunos casos se trabaja con dos longitudes de onda, una para deshacer la grasa y otra para provocar la formación de colágeno y elastina y tensar la piel, algo que era impensable antes con el método tradicional.
Esta técnica al mismo tiempo que licua la grasa la va coagulando, de esta manera se evita el sangrado y con ellos hematomas e inflamación postquirúrgica, por lo que la incorporación a la actividad normal es mucho más rápida.
Mediante este nuevo sistema también se consigue que los adipocitos que aún quedan tras la liposucción no incrementen de tamaño con el tiempo. En una liposucción convencional las células grasas residuales están sanas y pueden engordar. En cambio con el láser sufren un daño térmico y su capacidad de almacenamiento se ve muy disminuida.