Láser ablativos y láser no ablativos

Antes de hacerse un láser hay que saber que éstos se dividen en dos grandes grupos: los ablativos, que queman y pelan la piel; y los no ablativos, que sólo la sonrojan ligeramente.

Los ablativos son más agresivos, pero tienen una ventaja y es que sólo se necesita una sesión. Actualmente,  el más moderno es el FX Active que sirve para difuminar manchas y cicatrices, cierra poros y mejora la elasticidad y la firmeza de la piel. Además, es el único que se puede usar para los párpados caídos.


Los no ablativos, precisan al menos de tres a seis sesiones, dependiendo de cada caso, y los resultados se producen más lentamente.

Ambos tipos de láser tienen contraindicaciones absolutas. No se pueden aplicar si se han tomado determinados medicamentos para el acné en los últimos doce meses, ni medicamentos para la fotosensibilización que se ingieren en casos de psoriasis o vitíligo.

El láser está prohibido en pacientes con enfermedades vasculíticas activas, lupus o esclerodermia, en aquellos con dismorfobia o males febriles no controlados, y  también para trasplantados que consuman inmunodepresores. Está desaconsejado en personas con tendencia a padecer queloides y en diabéticos.

El láser ablativo no duele mientras lo practican  porque se utiliza anestesia tópica. Si es total se tarda unos cuarenta minutos y, si es parcial, unos veinte. Se  suele permanecer al menos dos horas en la clínica después de la intervención ya que se  inyecta adrenalina al paciente para evitar el subidón  que se produce a los pocos minutos, posteriormente se aplica hielo y una crema calmante. La hinchazón desaparece alrededor de una semana después y la rojez al cabo de un mes aproximadamente.

Se puede usar maquillaje una vez se haya pelado el rostro. Hay que evitar contraer infecciones, rascarse o exponerse al sol.

El láser no ablativo también produce una ligera rojez pero permite llevar una vida normal desde el primer momento.


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